La percepción de la energía atómica tras Fukushima
marzo 26, 2011 Inaki Azkoaga
La gestión de las percepciones es una de las facetas en que nos batimos los profesionales de la comunicación. Propongo preguntar a cualquier amigo qué opina hoy de la energía atómica y qué pensaba sobre ella hace quince días. Encontrará, casi con seguridad, un cambio en su percepción, aunque su opinión general no haya variado sustancialmente, es muy probable que los matices sí se hayan modificado.
El accidente de Fukushima, ocurrido en un país desarrollado, con una buena técnica de construcción de centrales atómicas, acometida tras una profunda reflexión del gobierno nipón respecto a su estrategia energética (muy dependiente del gas), ha puesto en evidencia que la energía atómica tiene al menos dos riesgos graves no controlados: la propia seguridad de la central y la gestión de los residuos.
El accidente de Japón, debido a una fuerza de la naturaleza que los humanos no podemos controlar, por mucho que se planifique no llegamos a dominar las fuerzas de la madre naturaleza, todavía va a dar mucho que hablar. De hecho siguen llegando noticias constantemente, hoy 26 de marzo se anuncia que el núcleo de un reactor nuclear podría haber sido responsable de una fuga de grandes cantidades de contaminación radiactiva en la central de Fukushima Daiichi.
Si bien la población nipona nos ha dado una lección de valores, con voluntarios prestos a trabajar incluso sabiendo que arriesgaban seriamente su salud, sin el alarmismo que ha levantado en Occidente, las continuas y preocupantes noticias que aportan nuevos datos sobre una situación no del todo controlada, generan un preocupación “in crescendo”.
Hoy por hoy, parece que no hay tecnología para gestionar correctamente la radioactividad y los riesgos asociados. Hasta ahora, gran parte de la sociedad admitía “cierta inseguridad a cambio de energía” o “energía sí, pero si se produce lejos de mi casa” (efecto Nimby), pero la evolución de Japón, ha hecho pensar a muchos ciudadanos.
Todos hemos podido seguir medios de comunicación que se han manifestado con claridad en favor de la energía nuclear tras el accidente, pero también estamos viendo cómo a medida que van llegando nuevas noticias van apagando su antena, sin embargo aquellos que se han manifestado en contra van acumulando argumentos.
También es verdad que no existen muchas alternativas. Con estimaciones sobre un precio del petróleo desorbitado, con poca capacidad para generar toda la energía limpia necesaria, con demasiados frenos para llevar adelante políticas de ahorro de energía suficiente, con países con un importante programa de construcción de centrales y de otros que han anunciado la paralización de construcción de nuevas centrales ya programadas ¿cuál va ser la alternativa de occidente?
Si bien, una mayoría somos algo desmemoriados y hasta lo que ha pasado y va a pasar con Fukushima se nos va ir olvidando, ¿cree alguien que por ejemplo en Europa va a ser factible construir nuevas centrales, sin un conflicto social asociado, pese a que un porcentaje muy elevado de la energía consumida proviene de nucleares? Y ¿que no se van a radicalizar las posturas de los que se posicionan en contra?
La civilización que hemos construido tiene una de sus piedras angulares en el consumo de energía. En un horizonte más bien cercado, por motivo de la energía, probablemente van a conocerse grandes presiones y grandes enfrentamientos, al menos dialécticos, en la mayoría de países desarrollados.
Como dato, hoy mismo, una encuesta on-line insertada como publicidad en The Guardian dirigida a los lectores de España daba que el 53% estaba en contra y el 47% a favor de la energía nuclear, preguntaba también si se vivía cerca de una central, si se estaría dispuesto a pagar más por energías alternativas y, cómo no, si la postura nuclear determinaría el voto.
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