Alcorta, un modelo empresarial de éxito a partir de un valor clave.
noviembre 26, 2011 Inaki Azkoaga
El miércoles de esta semana he asistido a la explicación de una experiencia que me ha dejado un agradabilísimo sabor de boca. En ella aparece nuevamente, como tantas veces en gestión empresarial, la importancia de trabajar un concepto.
Invitado por Mariano Iriarte, de Incress, he tenido la oportunidad de escuchar en el Instituto de Máquina Herramienta de Elgóibar la experiencia de Alcorta Forging Group, empresa que este año ha cumplido nada menos que 100 años de existencia, de la mano de su director general Lorenzo Mendieta.
Reconozco que cuando recibí la invitación de Mariano en que me hablaba de la importancia de lograr valores compartidos, tuve cierta desconfianza en cuanto que este tipo de temas, muy voluntariosos a veces, resultan muy difíciles de concretar en la experiencia empresarial.
Sin embargo, a medida que los diferentes ponentes iban desgranando el concepto me fui encontrando cada vez más a gusto e identificado con su propuesta.
En primer lugar Juan Ángel Balbás, gerente de Debegesa, expuso el proyecto Gure Balioak que pretenden extenderlo a todo el Bajo Deba, en el que tradujo a versión empresarial la importancia de interiorizar ciertos valores “Si un valor no provoca un crecimiento personal o empresarial, entonces no es valor”.
Le siguió Mariano Iriarte, que con su impresionante capacidad de abstracción y teorización nos ayudó a visualizar cómo partiendo de un concepto abstracto, este puede plasmarse en realidad práctica. Primero descubrir el concepto abstracto, después traducirlo a reglas de comportamiento.
Una vez explicada la forma de traducir el concepto a reglas, Lorenzo Mendieta expuso el proyecto llevado a cabo en Alcorta, en el que Mariano actuó de consultor.

Alcorta es un empresa de forja, sector maduro donde los haya, que tras haber estado en manos de la familia fundadora, fue vendida a una empresa familiar alemana, que a su vez la transfirió a una multinacional, hasta que esta la consideró no estratégica y fue vendida nuevamente a una serie de socios locales y socios trabajadores.
Comentó que comenzaron a preocuparse por mejorar sus procesos, tenían claro que no podían competir con forjas de países con mano de obra infinitamente más barata, por lo que optaron por automatizar-robotizar la fabricación y optimizar los procesos.
Con esta vía de inversiones y mejora en marcha, Mariano les habló de la importancia de los valores, idea a la que paulatinamente fueron acercándose. Pero, ¿cómo hacer entender qué era un valor a un forjador? Había que dar con un método, tras una laborioso esfuerzo dieron con la clave: “vamos a pensar en un compañero que es o ha sido referente, qué cosas hacía y por qué le consideráis que puede ser un modelo” con éste sencillo ejercicio fueron definiendo sus valores.
Y entre ellos eligieron uno, que en un principio no les salió, pero una vez definido en un posterior intento, les resultó trascendental: la fiabilidad.
A partir de identificarlo, todo el conjunto de empleados de Alcorta, pasó por una serie de etapas que les llevó a definir el ciclo del compromiso: definir la necesidad (qué, para qué, para cuándo), evaluar los medios, establecer el compromiso ajustado a lo que se puede cumplir, validar el mismo, ejecutarlo (si sé que no voy a cumplir, aviso; si hay problemas, aviso y replanteo) y por último evaluar.
Todo ello partiendo de personas referentes, estableciendo rutinas, adoptando un lenguaje común como “esto para qué”, “levanta la mano”, aplicando el método y perfilando unos indicadores. Y todo ello con comunicación fluida diaria, mucha comunicación a través de e-mail, plasmas, etc.
Fueron muchos más los conceptos tratados, pero me quedé con una idea: el sacrificio cumbre de una empresa es identificarse preferentemente con un concepto, venga de la estrategia, venga del posicionamiento, venga de la comunicación, venga de los valores. Un sólo concepto, que naturalmente precisa trabajarlo y desarrollarlo en profundidad. Todo ello con mucha comunicación, tanto interna como externa, por supuesto.
Hoy Alcorta se ha convertido en un grupo con plantas en Sudáfrica y Chequia, que compite con sólidas multinacionales. Un caso de éxito trabajado desde los valores.
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